El indulto a Fujimori, legal pero inmoral

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La visita del Papa no es mayormente tema en estas semanas, que están copadas mas bien por las movidas políticas entre el Gobierno y "la tribu fujimorista" que busca el poder (no me pregunten para qué, además del placer del caciquismo) que no logró en las urnas.

Las semanas que vienen serán cruciales o al menos apuntarán a un derrotero para este país... La sensación predominante, al menos en Lima (que es un tercio del país), es de desazón por las jugadas políticas y el cúmulo de mentiras y sospechas.

 

Como me decía un amigo anoche, ya no sabemos a quién creer y en quien creer. Hasta la Iglesia (jerarquía) está como anonadada, silenciosa...Contrasta con el Papa, que habla alto y claro, que sí hace honor al calificativo de "pastor", guiando y acompañando a todas las ovejas, atento a curar a las heridas y defender a las débiles, y que no teme llamar a las cosas por su nombre

 

Después del intento de "la tribu fujimorista" de vacar al Presidente y así ir copando el poder que no lograron con las urnas, vino el desatino del indulto y gracia a Fujimori mismo, decisión legal pero inmoral.

Ese es el Perú del momento, que encontraría el Papa. En la selva, Madre de Dios, sigue el avasallamiento de los bosques por la minería informal, con sus lacras y vicios que acarrea, entre ellos la trata. Y no se oye siquiera del tema a nivel Gobierno, como si no existiera.... viven en una nube... El narcotráfico viento en popa... tampoco se oye al Gobierno hablar de ello. Sus intereses van por otro lado: inversiones... el mito del progreso en clave economicista...

 

El poder judicial está resquebrajado. Mueven jueces y fiscales, alegando una imparcialidad que pocos creemos, pues terminan legalizando el congelamiento o archivamiento de los juicios, especialmente los relacionados con la inmensa maraña de corrupción a todo nivel.

La impresión general, voceada por los medios, es que aquí no existe una justicia confiable, que buena parte está coludida con gobernantes y políticos para imposibilitar sus enjuiciamientos. Lo mismo sucede en el desprestigiado Congreso: se encubren y protegen unos a otros, apoyándose en convenidas legalidades.

 

El país es tema para muy pocos; para la mayoría lo es el "partido" y allí los intereses personales. Si hay una palabra que lo resume todo es hipocresía: un juego de máscaras y apariencias. En este rubro la Iglesia también está muda. En resumen, hay un desengaño generalizado que alimenta la desconfianza y una suerte de fatalismo. ¡Aquí vivimos la post-verdad, y eso es grave!

 

 

 

Eduardo Arens

teólogo

 

 

 

 

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